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lunes, 20 de enero de 2020

One Shot: Insinuación




“Sora me gusta. Si tuviera que elegir, Sora sería mi novio.”

Eso fue lo que había dicho Chiaki cuando el periodista preguntó a quién elegirían como su novia ideal. Todos habían elegidos mujeres famosas menos el vocal que fue él último en responder, y por supuesto que todos se tomaron a broma su respuesta… todos, incluyendo a Sora.

El batero estaba furioso, Saz lo notó y le dio un sutil codazo mientras aún miraban hacía la cámara, pero aún así Sora no disimuló, le era imposible aparentar o esconder sus emociones, era un libro abierto cada vez que un asunto trataba de Chiaki. Y es que odiaba que su compañero bromeara con aquellas palabras, que eligiera el coqueteo como una manera de tontear en cualquier lugar, que descuidadamente lo tocara por jugar, ignorando completamente el significado que aquello pudiera tener para Sora. No eran amigos, Sora jamás lo consideró su amigo, no cuando Chiaki había escupido en su cara incansables veces que no estaba en sus planes entablar amistad con su propia banda, y ese fue de hecho otro motivo por el que Sora debió odiarlo desde el comienzo y efectivamente lo había hecho, pero no duró demasiado tiempo porque este vocalista de indomable lengua, había comenzado con su insensato juego.

Sora no entendía por qué lo adulaba en público o lo destacaba en sus redes sociales desde que las tenía. Tampoco entendía por qué parecía tener una profunda preferencia con él frente a todos, pero al momento en que se quedaban a solas para si quiera compartir un poco, escapaba a punta de excusas pobres, por lo que Sora se había hecho la idea de que sus juegos no eran más que eso, juegos, y que no había ni el más mínimo interés detrás de ellos.

Habían transcurrido demasiados años desde que formaron la banda, lo suficientes como para que Sora hubiera aprendido a conocer a Chiaki con sus molestas costumbres, su contagiosa negatividad y su mal hábito de insultar e inferiorizar cualquier asunto solo por gusto. Era una persona que podrías desear que no estuviera, pero que cuando precisamente eso era lo que ocurría, hacía falta… O tal vez era que para Sora desde hacía mucho tiempo atrás, tenía más importancia que una simple y presente molestia que solo estaba allí.

Sora no podría decir si fueron sus juegos los que llamarón su atención, pero se descubrió así mismo sintiendo una inesperada autentica felicidad cada vez que Chiaki le dedicaba una sonrisa en el camarín, cuando nadie más los estaba mirando. No era precisamente un momento privado pero era exactamente como lo hacía sentir. A veces podía devolverle la sonrisa, otras veces se avergonzaba demasiado de la idea de ser descubierto sonriéndole. También estaba el asunto de sus detalles, nadie le daba mejores obsequios de cumpleaños que Chiaki, nadie más, ni el mismo staff sabía cuál era su café y pastel favorito, desayuno que solía aparecer en su estudio por obra de magia cuando no había nadie más allí que el mismo vocal. Aunque claro, él nunca admitiría haber gastado de su dinero en alguien más. Sora se descubrió a sí mismo sintiendo celos cuando Chiaki aduló en un par de ocasiones a Saz durante los ensayos, había estado tan enfadado que se había retirado temprano para ir hasta su casa y encerrarse a matar zombies en su playstation. Se sabía interesado, ya lo había asumido para sí mismo porque no podía contenerse cuando se trataba de él, pero eso no le había dado fácilmente la seguridad de tomar la iniciativa y arriesgarse a ser rechazado. Justamente el día previo a aquella entrevista se atrevió.

-          Oye Chi… – lo llamó cuando se lo encontró en el baño por primera vez a solas en muchos meses, y no es que el momento de estar orinando uno junto al otro sea el mejor para una invitación, pero es que realmente él creyó que no habría otra oportunidad dentro de los próximos meses - ¿Te parece si vamos a beber algo? Cerca de aquí, abrieron un…

-          No – contestó con una voz incómoda – Estoy dándole clases de guitarra a un amigo por la noche.

Si no hubiera utilizado ese tono incómodo que hizo sentir a Sora estúpidamente avergonzado por el rechazo, tal vez se hubiera atrevido a insistir por una invitación en otro horario, pero vio demasiado evidente el desinterés de Chiaki y creyó que lo demás era solo una simple excusa. Ninguno agregó nada más, aunque el vocal pareció querer despedirse cuando colocó en la manilla de la puerta antes de salir, en ese momento otra persona entró y ya no estuvieron solos, por lo que no había nada que decir.

Ahora estaban allí, frente a la cámara, y Sora ya no quería reír o hacerse el avergonzado por los elogios de Chiaki. Estaba molesto, asquerosamente enfadado a tal punto que quería irse a su casa a matar zombies otra vez.

Cuando salieron del lugar, el animado Chiaki molestó a Miyako.

-          ¿Beyoncé? ¿De verdad? ¿No crees que tus expectativas están un poco por sobre la media? – le dijo antes de reír a carcajadas fuertes. Sora caminaba por delante de ellos.

-          Se vale soñar, déjalo – le pidió Saz aunque también se reía - ¿Y tú? ¿Desde cuándo tan gay?

-          ¿Ah? Pfff, no soy gay, solo me gusta Sora – el batero apretó los labios y se negó a voltear para caer en su juego.

-          Eso te hace g-a-y – enfatizó Saz– Aunque a veces no lo parece, Sora es hombre Chiaki– entonces todos comenzaron a reír, y fue cuando el batero creyó que no soportaría más, porque como cada vez que estaba enfadado no podía soportar la alegría en un rango de 2 kilómetros de él.

-          ¿Hay algo más para hoy o me puedo ir? – la voz enfadada de Sora no pasó inadvertida para sus compañeros de banda. Su manager contestó un poco nervioso.

-          No… no. Puedes irte – en cuanto escuchó la respuesta de inmediato comenzó a caminar hacia la salida, pero entonces fue detenido por una desvergonzada pregunta.

-          Oye Sora, ayer mencionaste que abrieron un local para que fuéramos a beber. ¿Dónde queda? ¿No quieren que vayamos todos juntos? – preguntó el vocal. Inmediatamente Saz y Miyako asintieron. Sora se sintió descubierto y un poco herido, pero eso era fácil de disimular con el enfado.

-          ¿Nos dirás cuál es? – insistió Saz esta vez. Ninguno se subió al auto que los debía llevar a todos de vuelta al estudio o donde quiera que quisieran ir. Sora había pensado irse por su cuenta pero ya no estaba tan seguro, si se marchaba la única vez que Chiaki aceptaba una invitación fuera de las dependencias del trabajo se arrepentiría. Además, había elegido ese local por una razón especial, la misma que ahora le hacía difícil contestar la pregunta de Saz. Pensó en otro lugar, pero realmente no pudo dar con uno que estuviera cerca del estudio y que fuera desconocido o relativamente nuevo para ellos, tuvo que decir la verdad.

-          Está a dos calles del estudio, en un segundo piso… es bastante… privado, no nos reconocerán – aseguró.

-          ¡Entonces vamos! – respondió Chiaki, luego todos subieron al auto. Esta vez el vocal se sentó junto al baterista en los asientos de adelante, mientras que Saz masajeó los hombros de Miyako porque este se quejaba de dolor muscular por sostener la guitarra.

-          ¿Micchan y así te quieres poner encima a Beyoncé? – se burló el vocal.

-          Tú te quieres poner encima a Sora, así que no te burles de mí – contraatacó quien no solía defenderse de las bromas ácidas del vocal.

-          ¡Ouch! – le respondió Chiaki riendo sin ninguna vergüenza por su respuesta ni por él baterista que se tensaba a su lado – Micchan se está haciendo respetar. Ah… Sora – cambió el tema sin ningún tapujo – Me gusta cómo te ves hoy – ahí iba de nuevo– Ese corte de cabello te queda mejor ahora que se ha desalineado un poco por el frente al crecer – con un dedo tomó uno de los cabellos de Sora y lo acomodó en su lugar detrás de su oreja, luego se volteó a mirar a la ventana sin agregar nada más. Sora lo miró complicado, ya no sabía que caminos tomar con él. Cuando lo sentía acercarse, luego se alejaba con rapidez y el batero debía recordarse que para Chiaki todo lo que hacía y decía no eran más que juegos.

Sora quiso tocarlo, solo por sentir la textura de su piel, nunca tocaba a Chiaki a pesar de que este si lo hacía sin siquiera pedir permiso. Lo miró con atención y aunque pensó en declinar su idea cuando observó los ojos cerrados del vocal en el reflejo de la ventana, el impulso fue más grande y con el dedo índice acarició la piel de su pierna que quedaba al descubierto entre los rasgados jeans. Este no se inmutó y en silencio, a escondidas de los dos que estaban sentados detrás de él, el vocal tomó su mano. No se volteó a mirarlo cuando solo sujeto su mano con la suya, dejándolas descansar en su pierna. Sora miró impaciente al frente esperando que nadie los viera, Chiaki por su lado continuaba con los ojos cerrados y la cara girada hacia la ventana.

Las esperanzas de Sora comenzaron a derribar las barreras que él mismo se había impuesto. Permanecieron de esa manera hasta que él manager volteó para pedir más instrucciones de la dirección. El batero quiso volver a tomar su mano, pero quedaba poco camino y se preocupó en parecer desesperado.

Sora era serio cuando se trataba de asuntos importantes, a diferencia de Chiaki, que parecía tener un talento para hacer de cualquier cuestión un asunto del cual reírse o simplemente quitarle importancia. A menudo aquello los hacía sentir ridiculizados, por eso cuando llegaron al local del que Sora había hablado, tragó saliva nervioso, esperando las burlas.

-          ¿Este es…? – comenzó a preguntar Miyako.

-          Un bar para parejas – respondió Saz, notando como cada mesa solo contenía dos asientos y estaban sumamente separadas entre sí por grandes espacios, además de cortinas para mayor privacidad. Algunos de los lugares tenían sofás que posiblemente fueran para quienes querían mayor contacto. Se miraron dudosos, preguntándose si debían marcharse o no, pero fue Chiaki el primero en avanzar hasta uno de los asientos con grandes sofás. Si se acomodaban podrían caber todos. Saz y Miyako se sentaron más cerca entre ellos ya que Chiaki sin ningún tapujo mantuvo las piernas abiertas tomándose mayor espacio para él, luego Sora se sentó a su lado, con la mirada baja. El sofá rodaba la mesa y todos dejaron sobre ella sus pertenencias de manera descuidada y comenzaron a leer el menú que descansaba en ella.

-          Sora – preguntó Saz - ¿Te diste cuenta que este era un bar de parejas? – la cara de Sora hizo estallar en una carcajada a Chiaki.

-          Probablemente no, ayer me había invitado aquí– molestó – Qué bueno que no vinimos o no me hubiera hecho responsable de lo que hubiera sucedido si nos quedamos solos tras una de estas cortinas.

-          Chi, harás que Sora se traume – le dijo en un tono amigable el guitarrista.

-          Así que invitaste a Chiaki aquí – la voz del bajista sonó incrédula, luego suspiró. Cuando Sora mantenía la mirada baja, Saz lo conocía bien y desde hace tiempo que albergaba ideas sobre el interés del batero en el vocal, por lo que intentó algo–  Aquí solo venden bebestibles, quisiera comer algo más… más. Micchan, ¿vamos a comprar una pizza en frente? Ustedes pidan nuestras cervezas mientras– ambos asintieron mientras veían a los otros dos salir del local. A pesar de que el otro lado del sofá se desocupó Chiaki se mantuvo pegado a él.

De pronto el silencio se instaló entre ambos y el ceño fruncido en Sora hizo que Chiaki comenzara a reír relajadamente.

-          Últimamente te ves bastante estresado Sora. ¿Ese no suelo ser yo?

-          Tú estás más relajado, también más burlesco – “más alegre, más divertido, más creativo”, pensó.

-          Sí, creo que estoy satisfecho con lo que estamos haciendo y también me siento más cómodo en la posición en que estamos – su voz sonó seria por primera vez en el día. Sora acomodó sus codos en la mesa y miró intensamente a Chiaki unos instantes, no podía mirarlo de otra manera. Cuando estaba a punto de decir algo, llegó una camarera a tomarles el pedido de licor, y cuando esta se fue, el vocal se puso de pie y cerró las cortinas.

-          ¿Qué haces? – Sora recordó lo que había dicho: “qué bueno que no vinimos o no me hubiera hecho responsable de lo que hubiera sucedido si nos quedamos solos tras una de estas cortinas. “

-          Solo evito que nos interrumpan– el corazón de Sora dio un brinco y su mente reaccionó con alerta. Probablemente se tratara de un nuevo juego de Chiaki, y si ese fuera el caso, estaba seguro de que estallaría ahí mismo.  No le dijo nada, puso mala cara y se cruzó de brazos acomodándose en el respaldo del sofá. El vocal suspiró – Sora, no seas así. ¿Qué acaso el mensaje no es directo?

-          ¿Qué?

-          Acabo de cerrar las cortinas – le señaló lo evidente con un dedo – En un bar de parejas – recalcó nuevamente lo obvio – Y estamos a solas– le dio una media sonrisa. Parecía a punto de romper a reír en carcajadas. Sora frunció el ceño complicado sin saber cómo reaccionar: ¿Nuevamente era una broma? Porque si se atrevía a dar un paso en falso y efectivamente lo era, Chiaki se reiría de él por las próximas tres décadas. Pero… ¿Y si no lo era? Una persona normal no elegiría esas palabras ni esas acciones para confesar o dejar en claro sus intenciones, o eso fue lo que se dijo Sora para evitar caer en una acción de la que se podría arrepentir.

El vocal esperó pacientemente a que el debate interno de Sora se desarrollara, lo miraba divertido mientras recargaba su rostro en una mano, o al menos esa impresión le daba al baterista. De pronto el pedido de licor llegó, y ambos tuvieron un momento para alejar los ojos del otro, pero cuando nuevamente se quedaron solos, Chiaki pareció no querer esperar más. Se acercó a Sora y tomó su rostro entre sus manos, el batero estaba tan sorprendido que no atinó a alejarlo ni siquiera por una reacción de supervivencia.

-          ¿Bésame? – preguntó en un tono ronco, de modo que Sora realmente creyó por un instante que no estaba jugando, pero considerando la actitud usual de Chiaki temía que en cuanto se acercara este comenzara a reír. Los ojos de Chiaki brillaban en la espera, entonces a Sora se le ocurrió un contraataque.

-          Bésame – le pidió en un tono que pareció a exigencia. Se dijo así mismo que el vocal no llegaría tan lejos como para besarlo a modo de juego y si lo hacía, bien, si lo hacía él correspondería. Chiaki hizo una mueca y preguntó estando sumamente cerca de su boca.

-          ¿Eso quieres? – fue la cercanía la que hizo que Sora olvidara su defensa cuando asintió ante esa pregunta y acto seguido, Chiaki estaba riendo.

Ofendido estaba por ponerse de pie cuando Chiaki tomó su brazo y lo jaló de vuelta al sofá. Sora no alcanzó a dirigirle palabra alguna cuando sus labios ya habían sido sellados por los labios carnosos del vocal. Le tomó cuatro segundos creérselo.

Sí, Chiaki lo estaba besando.

Si Chiaki estaba jugando o no, Sora no quería averiguarlo.

En el momento en que cerró los ojos para disfrutar del tacto se vio así mismo buscando de manera casi desesperada la lengua del vocal. Cuando este abrió más la boca para concederle aquel roce un leve gemido escapó de la garganta del propio Sora, se avergonzó de sí mismo cuando comenzó a ser consciente de que había empujado a Chiaki al sofá y él mismo se había recostado sobre él. ¿En qué momento había perdido el control? Al alejarse un poco de Chiaki, escondió el rostro en su cuello y se incrustó con presión en él, como si no se atreviera a volver a verle la cara nunca más. La respiración del vocal estaba acelerada y sus piernas habían sido separadas por una del batero.

-          Mierda Sora, sí estabas tan contenido no creo que este sea el lugar al que debías invitarme -  Sora no respondió.

¿Por qué Chiaki tenía que continuar bromeando?  ¿Cómo podía calificar esas palabras? ¿Había caído en su juego? ¿Se burlaría de él tres décadas? Pensó en recoger lo poco que quedaba de su orgullo, cuando sintió que Chiaki se inclinaba para depositar un suave beso en su sien, mientras sus dedos comenzaban a acariciar su cabello con bastante gentileza. Aquel gesto tierno lo mantuvo allí, pensó que si iba a ser el centro de sus burlas en el futuro al menos disfrutaría un momento de lo que estaba ocurriendo, de todas maneras ya había caído, y después de pensar en lo bien que se sintió besarlo, hasta se convenció de que valdría la pena.

-          ¿Deberíamos levantarnos? Los otros deben llegar en cualquier momento – algo en su tono le hizo pensar que quería moverse tan poco como él- ¿Sora?

-          ¿Qué? – preguntó desde su escondite aún en el cuello de Chiaki.

-          ¿Qué haces?  Aléjate un poco, me estás acalorando– Sora no se movió - ¿Me escuchaste? – Sora pensó que desde su escondite podría preguntar. Si las respuestas le herían, podría esconder sus ojos.

-          ¿Estás… - le costó mantener la voz sin temblores, y sabía que no pasaba desapercibido para Chiaki su tono – jugando otra vez?

El vocal bufó.

-          Nunca he jugado– Sora frunció el ceño y realmente no le creyó, como si Chiaki hubiera deducido aquello continuó – Si dije que me gustas, es porque me gustas. Si dije que si pudiera elegir, te elegiría, es porque lo haría– el vocal suspiró – Eres más lento de lo que creí, ¿acaso me has visto actuar de esta manera con alguien más?

-          Tú… - Sora se atrevió a levantar el rostro, necesitaba comprobar en los ojos de Chiaki la veracidad de sus palabras - ¿Ya sabías…que me… gustas?  - el vocal levantó los hombros mirándolo desde abajo.

-          Lo intuí. Claro que no podía estar seguro, por eso te pedí que me besaras, si no lo hacías podía fingir que todo fue un juego. Pero realmente eres muy malo tomando la iniciativa.

-          Tú me tienes traumado con tus burlas – Sora hizo un puchero, aunque este no tardó en desaparecer- ¿Entonces…?  ¿Todo este tiempo de burlas fue porque yo… te gusto?

-          Quería llamar tu atención– levantó los hombros nuevamente, parecía querer restarle importancia a todo. Sora necesitaba más reacciones por parte de Chiaki, aún no se convencía de que este estuviera hablando en serio. Como si hubiera podido leerlo, el vocal le aseguró – Me río mucho cuando estás cerca. Tal vez son los nervios, no puedo controlarlo. Sé que te he dado la impresión equivocada, aunque admito que verte frustrado es un poco divertido. Eres tan niño, Sora – la punta del dedo del vocal jugó con la nariz del baterista en unas caricias sutiles. Chiaki se inclinó para besarlo como si de aquella manera pudiera darle más peso a sus palabras. Esta vez el beso fue más gentil por parte de ambos, Sora tomó a Chiaki por debajo de los brazos y lo levantó consigo. Este se arrodilló en el sofá y continuó besando mientras le sujetaba el rostro con ambas manos, parecía que ninguno quería alejarse, hasta que la cortina se movió y un grito ahogado de Miyako los hizo detenerse.

Sora parecía el reflejo de espanto de Miyako. Saz por su parte levantó una ceja aún incrédulo, pero  Chiaki comenzó a reír. Esta vez él batero sabía que su risa era debido a sus nervios.

-          Está bien, está bien – dijo entre risas el vocal – Esta vez sí Saz, puedes decirme g-a-y.











viernes, 15 de noviembre de 2019

Fan fic: Bird Wings - Capítulo 20 - FINAL - : Corazón


-          Creo que ya estamos listos con esta parte – le dijo Saz mientras desenredaba un cable del amplificador – Podríamos sincronizar la primera con la última grabación, ¿te parece si escuchamos cómo quedan juntas? – Miyako, quien estaba tapado con la colcha que había llevado el bajista, asintió, luego le dio un sorbo a su café.

-          Gracias… creí que tardaría toda la noche en esa parte…

-          Cuando estas bloqueado lo mejor que puedes hacer es cambiar el enfoque, seguir con otra cosa, si te sofocas con una sola tonalidad luego no puedes avanzar, o al menos no de buena manera.

-          Si… - Miyako suspiró y lo miró configurar con agilidad el equipo – Sacchan…

-          Dime – el bajista se agachó para enchufar un amplificar y al intentar ponerse de pie golpeó la cabeza con el escritorio - ¡Ah!

-          ¿Estás bien? – Miyako dejo el café sobre la mesa y se arrodillo a la altura del bajista – Eso sonó fatal, déjame revisar– con sus dedos largos busco entre la cabellera larga del bajista algún rastro de sangre.

-          Au… estas tocando donde me golpeé.

-          ¿Ahí? – pasó el dedo frío con suavidad, la zona se sentía cálida.

-          Sí.

-          Bueno, no te estas desangrando– Miyako acarició su cabello a modo de consuelo, en cuanto se separaron notó lo cerca que estaba de Saz y algo ruborizado se alejó de golpe.

-          ¿Qué te pasó? – el bajista lo miró extrañado mientras se sentaba y volvía a cubrirse con la colcha.

-          Nada, solo me dio frío.

-          Pero tienes la cara roja, ¿te puse nervioso? – Saz levantó las cejas de manera insinuante y Miyako le arrojó una servilleta sucia. El bajista se rió– No me arrepiento de haber venido– el guitarrista lo miró apretando los labios – Me has subido el ánimo.

-          También me alegra que hayas venido… - le susurró sin mirarlo.








-          ¿Llegará el día? – se preguntó a sí mismo en voz alta.

-          ¿El día de qué? – preguntó el vocal sin voltearse aún.

-          Ah… nada, solo hablé en voz alta– Sora se metió desnudo bajo las sábanas, defendiéndose evito abrazarlo, si se negaba a su tacto sería hiriente y prefería terminar de la mejor manera posible aquella noche, sin embargo el vocal se volteó para mirarlo.

-          ¿El día de qué? Dímelo… - le pidió con un susurro dulce. El batero suspiró rendido a aquel tono de voz.

-          Es que… - Sora pensó en cómo explicarse antes de hablar. El vocal fue paciente y esperó a que continuara– A veces te distancias luego de que yo digo algo y nunca sé exactamente qué fue lo que dije, pero es obvio que a ti te molesta, y yo quisiera entender qué es y por qué te molesta. Siento que debo disculparme por una razón que ignoro.

-          No debes disculparte de nada- le susurró Chiaki.

-          Aún así quisiera saber qué te ocurre, porque algo me dice que no es algo con lo que puedas lidiar fácilmente. Yo quisiera ayudarte… tal vez no soy muy útil, lo sé pero… puedo pensar en alguna forma en que –

-          Te lo contaré – el vocal lo interrumpió callándolo de golpe– Te lo contaré, pero sé paciente conmigo, que nunca lo he hecho antes– Chiaki respiró profundamente y sin estar seguro del orden que debía seguir para hacerle entender, dejó salir las palabras que le brotaron como si llevaran demasiado tiempo esperando a escapar – La razón por la que siempre me resisto y… busco defenderme de encariñarme con la gente, es porque les hice mucho daño a las personas que más quise. Daño… real – Sora se acercó más a él, sintió como si Chiaki con solo su postura se lo hubiera pedido– No sé cómo me verás después de que te cuente esto… - el vocal se tapó el rostro con las manos, casi de inmediato Sora intentó tomarlas para que rompiera aquella postura.

-          Ey calma, sea lo que sea que me cuentes, yo permaneceré contigo– Chiaki suspiró.

-          Mi madre… - entrecerró los ojos notando como era casi físico su dolor al retener las palabras – Era alcohólica. No era una mala persona... – se apresuró en aclarar - Pero solo vivía para beber, nunca se preocupó por nosotros, ni siquiera sabía quiénes eran nuestros padres, pero aun así nos mantuvo con ella. Ella había crecido en un orfanato así que no quería eso para nosotros… aunque a veces no teníamos para comer o ella se gastaba hasta el último peso o vendía hasta lo más absurdo para comprar sus licores, a pesar de eso, la queríamos y ella a su manera despreocupada, nos quería. Tal vez porque éramos lo único que tenía, pero a veces tenía sus momentos… en especial con Nao, mi hermano pequeño– Sora lo miró impresionado y enternecido a escuchar de su boca hablar sobre su hermano. – Yo crecí cuidando de Nao, mis preocupaciones constantes por él me protegieron de muchas actitudes que todos esperaban que tomara cuando creciera, como ser un alcohólico o drogadicto a temprana edad, o solo un chico violento, pero yo solo me defendía de ella… Me enfrentaba a diario con mamá para protegerlo a él, pero de todas maneras Nao la escuchaba maldecirnos en sus periodos de abstinencia. Con el tiempo tomó actitudes agresivas aunque conmigo jamás se comportaba de aquella manera… conmigo colapsaba, se desahogaba sobre estar harto de la vida en casa, de que nos faltara tanto– soltó el aire en un suspiro tembloroso, Sora besó su hombro – Tuvimos muchas discusiones en casa con mamá y entre nosotros, sentía que tenía que corregir todo lo que pudiera, así que a veces no lo trataba bien… Un día cuando llegué de la escuela, ellos dos habían discutido por lo que mamá estaba de mal humor, no había comida y ella le pidió que usara lo poco que había de dinero para un sake, por lo que intente alcanzarlo para que usáramos ese dinero en comida pero… - Chiaki se quedó callado y Sora supo que le estaba costando continuar, sobre todo porque las siguientes palabras que le escuchó estaban cargadas de un sentimiento triste – Le grité. Estaba enfadado así que le grité que me diera el dinero, que no me importaba lo que dijera mamá… pero él no quería más discusiones, estaba cansado de todo, prefería pasar hambre  y que ella en su borrachera nos quisiera aunque fuera solo ese instante… Tomé el dinero a la fuerza y él se lanzó sobre mí, solo reaccioné a empujarlo, pero lo hice con demasiada fuerza... – su voz se rompió – Y Nao se golpeó la cabeza contra la subida de la acera. Lo siguiente que vi fue el pavimento con un charco de sangre a su alrededor… - Sora lo escucho sollozar. Chiaki se volteó y lo abrazó con fuerza, enterrando el rostro en su cuello - … murió…

El batero al pestañear notó que tenía los ojos sumamente húmedos, estaba por llorar junto a él. Lo abrazó fuerte mientras Chiaki derramaba lágrimas intensas de arrepentimiento, y continuó hablando con la voz rota. El más alto se esforzó para poder comprenderlo:

-          Por años he soñado con él,  con ese momento, con las peleas con mamá, con las veces en que Nao me pedía que nos fuéramos de esa casa, que huyéramos, que me decía que no podía más, que su vida era un infierno. Nunca pude protegerlo Sora… y fui yo mismo quien lo empujó y…

-          Ssh… fue un accidente Chiaki – el vocal volvió a soltar un sollozo. Sora notó que las lágrimas le caían por el rostro a él también – Fue un accidente – repitió – No puedes culparte… - en cuanto lo dijo fue consiente de la batalla de Chiaki, del por qué de sus pesadillas. La culpa de haber ocasionado el accidente le comía vivo, lo había llevado a encerrarse en él para evitar causarle daño a los demás. El batero pensó en el vocal sintiendo rechazo por él mismo y tuvo un fuerte impulso por abrazarlo con más fuerza.

Allí permanecieron ambos abrazados por horas, desnudos en varios aspectos.



-          ¿Te sientes mejor? – Sora le tendió un vaso con agua mientras Chiaki se sentaba en la cama para beberlo – Nunca te vi llorar tanto… - tocó su frente y sus mejillas con el dorso de la mano derecha – Creo que estas un poco afiebrado– Chiaki dejó el vaso sobre la mesita en cuanto terminó de beber el agua.

-          Estoy bien... no puedo creer que lo dejé salir, tantos años y jamás había podido contarlo – el vocal le sonrió – Debe ser porque eres tú– Sora le devolvió la sonrisa, se acercó a él y lo abrazó.

-          Los accidentes no son culpa de nadie. No importa si alguien dijo lo contrario, ni siquiera tu propia madre, no fue tu culpa– el más pequeño suspiró.

-          Me lo dijo muchas veces… luego de que todo ocurrió, ella se perdió más en el alcohol, casi no tengo recuerdos de ella sobria en ese tiempo… Luego enfermó al extremo de que no podía ponerse de pie.

-          ¿Enfermó? – Sora tomó su mano mientras Chiaki continuaba hablando observando un punto vacío en medio de la nada.

-          Sí, nunca fue al hospital, por la autopsia supe que tuvo una cirrosis fulminante y murió en la cama, suplicándole a Nao que la perdonara… - Sora dejó caer su cuerpo sobre Chiaki, juntando su frente con la suya.

-          Me duele mucho imaginarte allí, joven y solo… con esa mochila tan pesada…

-          Sora.

-          ¿Sí?

-          Ve donde tus padres y habla con ellos... – el batero rompió la posición y lo miró frustrado – Viste todo lo que cocinó tu madre para su cumpleaños, ella estaba desesperada por tenerte ahí, por recuperarte, te quiere… Y tu papá…si te soy sincero, algo en mí lo entiende. De hecho yo ahora comprendo por qué a pesar de que fui hiriente e intenté alejarte tantas veces, siempre volviste, estabas acostumbrado a las personalidades insoportables como la mía o la de tu papá– Sora sonrió sin muchas ganas – No puedes solo dejar el tiempo pasar, porque no podrás pretender toda tu vida que no existen, llevarás esto contigo a todos lados y si no lo enfrentas te va a perseguir para siempre y solo a ti, porque en algún momento ellos dejarán de estar, tú mamá dejará de estar... entonces te verás en su funeral sabiendo que le diste la espalda porque no te atreviste a hacer de la situación algo diferente.

-          Pero no soy yo el que tiene que intentar…

-          Sora, en una relación familiar de tres adultos, no importa quién sea el padre o el hijo, la responsabilidad cae en todos. Ve y enfréntalo, intenta entender por qué es así contigo, no va a ver respuesta que te duela más que todos estos años de rechazo. Creo que una vez que lo entiendas podrás solucionar las cosas o desprenderte de él realmente, porque entonces lo habrás intentado resolver y si no funciona, la culpa recaerá en él y no en ti. Pero por favor, no te quedes sin intentarlo, no vivas con culpa como yo, no quiero que te marchites… - Sora lo miró a los ojos– Sabes que lo arrastras y que te duele, lo veo cada vez que hablas de él, te descompones. Ve y desenreda el nudo o corta el lazo de una vez. Sé que eres valiente y puedes hacerlo.

-          Está bien– le dijo con firmeza – Si crees que puedo… yo iré.







Cuando la luz del amanecer comenzó a aparecer, los músicos en el estudio apagaron el equipo y se estiraron en sus asientos sintiéndose agotados.

-           Ahora a ordenar antes de que llegue el staff y estará todo listo, podemos presentárselo como sorpresa  a Chiaki y Sora, porque a diferencia de ellos, no nos dedicamos a vaguear cuando nos quedamos aquí de noche – el bajista se agachó nuevamente para desenchufar el equipo, pero Miyako también lo hizo.

-           Déjame ayudarte que ya veo que te golpeas otra vez– el bajista rió cuando Miyako comenzó a desenredar los cables junto a él, de pronto el guitarrista notó lo cerca que estaba de su rostro y en un impulso que llevaba conteniendo demasiado tiempo, rompió la distancia y le beso los labios. Saz se congeló. El beso fue corto, el guitarrista no quería despegarse demasiado pronto temiendo que tal vez no se repitiera, pero al notar que no hubo respuesta ni reacción optó por separarse sintiéndose rechazado. Evitó mirar a Saz pero en cuanto iba a ponerse de pie fue él quien golpeó su cabeza con la mesa– Aah… au, dolió– automáticamente llevo sus manos a la zona golpeada.

-           Deja… déjame ver… - tartamudeó volviendo lentamente a la realidad el bajista. Miyako suspiró mientras sentía sus dedos revisarle de la misma manera en que él lo había hecho horas atrás. Se quedó sentado mirando al suelo.

-           Lo lamento… no pensé antes de hacerlo– Saz suspiró.

-           Yo lo lamento, sabía que te sentías de esta manera, pero mi mejor manera de cuidarte es alejándote de mí– le dijo serio. Miyako volteó a mirarlo impresionado por su revelación.

-           ¿Ya lo sabías? – el bajista asintió – Oh… ya veo… - susurró desilusionado - ¿Es por Chiaki?

-           No… - Saz lo miró y le sonrió apenado – Chiaki me rechazó, a pesar del nivel de afecto que le tengo, siempre creí que sería mi mejor opción porque creí entenderlo… Pero no era así, de hecho no puedo ni imaginar cómo sería algo entre los dos… ambos igual de desapegados o al menos, yo… porque él está cambiando. Ya no es el mismo.

-           Tú no eres parecido en nada a Chiaki, Sacchan.

-           No superficialmente.

-           No estoy de acuerdo– le dijo firmemente – Chiaki se esconde, tiene una fachada, no sabe actuar de otra manera que no sea con palabras pesadas o hirientes y hace todo lo posible por no involucrarse, pero en el fondo no es indiferente. Yo lo sé. Y por otro lado, tu eres atento en todos los sentidos en los que puedo pensar en este momento, no tienes fachada, eres siempre igual de tranquilo y dedicado, nos dejas ver lo que te gusta y lo que no y también eres… sincero, como lo estás siendo conmigo ahora… Sé que yo te importo aunque sea como un amigo, y a Chiaki también – Saz bajó la mirada, no tenía ánimos de discutir sobre nada relacionado a Chiaki– … puedo entender por qué asumes que se parecen. Ambos son personas solitarias – Miyako tomó la mano de Saz y jugueteó con sus dedos – Pero no tienes que serlo, ¿sabes? Aunque tengas una mala imagen de ti mismo, no deberías cerrarte a otras posibilidades solo porque…

- Yo podría enamorarme fácilmente de ti Micchan – le soltó, el guitarrista sintió el corazón latirle fuerte – Cuando veía como te esforzabas y te alegrabas cuando les conté sobre Chiaki… noté que es muy fácil enamorarse de ti, pero no debo hacerlo… porque eres el tipo de persona a la que puedo lastimar fácilmente. Te hago un favor con marcar esta distancia.

- No me hagas ese favor entonces – le pidió. Saz suspiró, para su sorpresa Miyako se acercó volviendo a cerrar la distancia con un beso, pero esta vez el bajista si reaccionó y se lo devolvió. Miyako no pudo evitar sonreír feliz en el beso, por su lado Saz se reclamó así mismo por lo mucho que le estaba gustando un simple beso. Cuando se separaron se miraron a los ojos con atención.

- A la primera vez que te haga daño con algo que diga, aléjate de mí– le pidió el bajista, sin embargo Miyako lo abrazó y le negó con la cabeza.

- Todos podemos cometer ese error, pero si un día me dices que no me quieres más junto a ti, entonces me alejaré– Sacchan se mordió el labio pensativo mientras le devolvía el abrazo al guitarrista. Finalmente se rindió frente a la afectividad que este le mostraba, necesitaba más que nunca compañía y aunque no quería usar a nadie solo para evitar su soledad, se prometió así mismo cuidar de “Micchan” en todos los aspectos que le fueran posibles.




Sora despertó alrededor de las tres de la tarde, hacía calor por lo que tanto él como Chiaki, a pesar de estar desnudos en la cama, se habían destapado y orillado lo más posible para evitar el calor del otro en sueños. Observó a Chiaki estirado de lado con la manos sobre su cabeza y durmiendo con los labios entreabiertos, se levantó con cuidado de no despertarlo y recogió en silencio sus prendas por la habitación, luego salió hasta la sala y se vistió, se lavó la cara y los dientes, finalmente le escribió una nota que dejó sobre el sofá.

“Fui a ser valiente.
Voy con mis padres.”

Tomó un taxi hasta aquella casa de donde había huido la noche anterior. Estaba nervioso, se sentía colapsar, la angustia subir y bajaba solo para ser reemplazada por el pánico, pero fue fuerte, se convenció así mismo de que tenía que estar a la altura de las expectativas de Chiaki y ser lo valiente que este lo creía, además sabía que todas las palabras que le había dicho llevaban la razón.

En cuanto se bajó del taxi observó la puerta unos segundos, y cuando se dijo así mismo que debía reunir fuerzas para llamar, la puerta se abrió con su padre al otro lado.

-          ¿Qué quieres? – le preguntó en un tono desafiante, precisamente el mismo en el que su hijo le respondió.

-          Vine a enfrentarte.

-          Lo que faltaba, la niña me va a golpear. Vete a jugar con tus muñecas, yo me tengo que ir a trabajar – el hombre le dio la espalda dispuesto a cerrarle la puerta en la cara, pero Sora caminó hasta él y entró en la casa dispuesto a encararlo.

-          Viejo insensible e ignorante– el hombre se volteó a mirarlo enfadado, sus intenciones estaban dibujadas en sus ojos, pero el batero ya no le tenía miedo, era tan alto como él y no le sería fácil sacarlo de allí sí es que se resistía– Estuve años en guerra conmigo mismo por las mierdas que tú metiste en mi cabeza. Nunca me enseñaste nada bueno, las únicas palabras que recuerdo de ti son insultos y palabras hirientes. ¿Qué querías de mí? ¿Cuál era tu intención detrás de cada castigo? ¿De cada grito? ¿De cada vez que pisoteaste todo lo que me hacía feliz? Hay tantas cosas en esa lista que incluso tú en tu ignorancia eres capaz de recordar, porque sabes que me heriste un sinfín de veces sin un motivo más que imponerte con tu ridícula opinión para sentir alguna vez respeto de alguien, aunque fuera a la fuerza– el hombre mayor abrió los ojos, no se esperaba esa respuesta de palabras cargadas de rechazo – Por años te he llevado conmigo a pesar de que eres lo que más he odiado, diciéndome qué hacer, como tratar a los demás, impidiéndome sentir seguridad en nada de lo que hago. Me has hecho sentirme ridículo frente a todos porque aunque no estabas ahí, te tengo incrustado en mi cabeza, cada palabra… cada insulto… - el batero notó las lágrimas en sus ojos y las secó con rapidez – Siempre estuviste ahí para pisotearme. Y puedes escupirme tu asco cien veces más si así lo quieres, pero necesito saber. ¿Por qué? ¿Por qué eres así?

-          Hijo… - la madre lo miraba desde atrás del pasillo sorprendida de haberlo escuchado. Comenzó a llorar.

-          Esto no es contigo mamá, nunca lo ha sido. Usted al igual que yo solo ha sido víctima de un viejo que solo sabe hacerse escuchar a insultos– Sora volvió a mirar a su padre – Dime, ¿por qué?

-          Porque me quitaste a tú madre– soltó en voz baja, tan baja que la mujer al final del pasillo no lo escuchó– Suena ¿absurdo? Lo es– el hombre miró a su hijo a los ojos sintiéndose avergonzado – Cuando me di cuenta de lo estúpido que era, ya no podía tratarte de otra manera, no sabía cómo. ¿Quieres que te pida perdón? No lo haré. No sé hacerlo– el batero lo miró perplejo, nunca se imaginó una respuesta tan básica. Recordó las noches en que su madre había dormido con él por sus rabietas y cómo al siguiente día su padre solía castigarlo con cualquier excusa. Todo comenzó a tener sentido y a parecer absurdo, tal y como lo era su respuesta.

Sora salió de la casa caminando lento, sin voltearse, sin procesarlo del todo. No se despidió ni les dijo nada, solo se fue. Tenía su respuesta.










Durante la tarde Chiaki caminaba por aquella playa tan conocida para él, observaba sus huellas en la arena mientras rodeaba la orilla, y en un impulso necesario dejó los tenis y sus pertenencias en la arena. Luego entró al agua tomando  el camino que tan bien conocía para llegar rápidamente hasta aquella gran roca. La escaló desde donde sabía era más fácil subir. Luego se sentó y se abrazó las piernas mientras observaba un barco a lo lejos.

¿Cuántos años llevaba yendo hasta ese lugar? Estaba seguro que eran al menos ocho o diez. Recordaba haber leído infinidades de libros en aquel lugar, llevaba comida y en el invierno café, la sentía su lugar especial, pero sabía que era porque la inmensidad del mar le hacía sentir que lo infinito existía, y quería creer que su hermano formaba parte de ello. Por eso iba ahí, para sentirse cerca de él o más bien, para sentir que aún podía hacerle compañía de alguna forma.

-          Creo que tengo la sensación equivocada, en vez de dejarte ir, me he aferrado con la excusa de que tú, en donde sea que estés, me necesitas de alguna manera… Y yo vengo aquí para evitar que me extrañes… Tanto años pensando lo mismo... – pensó en voz alta– Nao, no sé si estarás escuchando desde algún lugar, tal vez ya te tengo harto con tantas quejas y malas historias sobre mi vida… pero esta vez, vine a despedirme. Prometo no volver aquí a sentirme culpable por lo que sucedió, otra vez – suspiró – Ya no estoy solo… - el vocal miró el océano y se sintió absurdo hablando solo en medio del sonido de las olas – Como sea… quería pedirte que si me escuchas me des una señal de despedida, aunque tal vez sea demasiado – bufó riéndose de sí mismo – Solo quería sentir que no hablaba solo, realmente no tienes que hacerlo – se disculpó y levantó los hombros restándole importancia – En fin, Nao… perdóname por retenerte, e intentado olvidarlo, pero creo que no era el método adecuado. Necesitaba perdonarme a mí mismo y… - inspiró el aire limpio y lo soltó con fuerza – Lo hice. Adiós hermano.

Se puso de pie dispuesto a bajar de la roca, pero al voltearse observó como el tan conocido pajarito que alimentaba volaba directamente hacía él. Casi de manera inconsciente Chiaki colocó sus manos para recibirlo en un vuelo que bajaba de intensidad a medida que se acercaba. Confundido miró como el ave se acomodaba entre las palmas de sus manos que la acunaban y así, sin más, cerró los ojos y se dejó ir. Al comienzo Chiaki no estuvo seguro de que sucedía, pero al transcurrir los segundos, notó que el ave no abría los ojos. La removió, pero era inútil, el pequeño pajarito había muerto entre sus dedos. Entender la analogía le tomó solo un par de segundos:

-          Nao… - su voz asombrada no tuvo ni un matiz de tristeza, reforzando para sí mismo lo que habían sido sus últimas palabras a su hermano. La historia que llevaba consigo, ya formaba parte de un recuerdo ligero.









Cuando Chiaki entró en su departamento llevaba consigo el recuerdo de un pajarito que se había llevado las olas del mar. Fue directamente hasta su habitación y quitó los platillos de comida, pero luego los volvió a colocar, pensó en que tal vez otra ave hambrienta podría comer de allí. Se sentó en el balcón y sintió la brisa despeinarlo, se sentía tan ligero que no estaba seguro de si todo era real o solo estaba soñando. Para su sorpresa, el batero apareció  en la ventana y en cuanto lo vio lo abrazó con fuerza. El vocal correspondió su abrazo con la misma intensidad.

-          ¿Estás bien? – le preguntó Chiaki al recordar su nota.

-          Sí, estoy bien, siento como si esto fuera un nuevo comienzo – el vocal se separó de él al oír su frase y soltó una risa fuerte. Sora lo miró confundido. - ¿Qué?

-          Es que es exactamente como yo me siento– Chiaki le sonrió y le dio un beso suave en los labios, el sonido al separarse lo hizo decir – Exquisito… - el batero se rió. De pronto ambos recibieron un mensaje de texto al mismo tiempo, confundidos lo leyeron, era de parte de su manager, les pedía a los dos ir al estudio a resolver un problema urgente. Tomaron sus abrigos y se fueron por el camino más corto hasta allá.




En cuanto entraron al estudio se encontraron con todos sentados esperándolos. Saz tenía una expresión seria y Miyako parecía profundamente preocupado, lo que los alarmó. El manager no dejaba de caminar impaciente por el lugar.

-          ¿Qué pasa? ¿Qué sucedió? – el vocal comenzó a sentir náuseas, su mente funcionaba a mil por hora.

-          Ahora que estamos todos, hablaremos – les dijo el manager.  Sora y Chiaki se sentaron en frente de Saz y Miyako.

-          Anoche ocurrió una situación con la que fui brutal y desagradablemente sorprendido... – el manager no pretendía sentarse a causa de los nervios. Chiaki notó como estaba entre molesto y asqueado.

-          Ya di que sucedió.

-          El guardia de seguridad me dijo que un par de ustedes habían violado las normas del lugar con actos irrespetuosos – Sora miró a Chiaki preocupado, pero el vocal estuvo seguro que no se habían besado allí.

-          ¿A qué te refieres? – preguntó nervioso el batero, pero le respondió Saz.

-          A que nos vieron a Micchan y a mí… besándonos – Sora abrió la boca por la sorpresa. Chiaki levantó las cejas, pero el manager estaba de color púrpura.

-          ¿Ustedes estaban al tanto de esta grave situación? – Sora miró a Chiaki esperando a que él aclarara algo al respecto, sin embargo el vocal miró a Miyako enfadado.

-          Micchan, ¿qué no pensaste en la banda? – Saz colocó los ojos en blanco por su mala broma - ¿No te importa nada la banda? ¿Cómo puedes hacernos esto? – el guitarrista lo miró apenado y bajó el rostro.

-          Lo siento mucho… fue mi responsabilidad, Sacchan no hizo nada.

-          No importa de quién es la responsabilidad – interrumpió el manager- El asunto es que no está permitido por la industria que…

-          Ya cállate – le dijo Chiaki en su usual tono mandón – Sora y yo estamos juntos –le dijo sin vergüenza alguna haciendo que Miyako mirara a Saz impresionado – Tú deberías buscar una pareja también… como un staff… - el batero comenzó a reír mientras el manager se congeló sin saber cómo tomar la noticia.

-          ¿De verdad ustedes están juntos? – le preguntó el guitarrista a Sora, este asintió.

-          ¿Y ustedes también lo están? – le preguntó de vuelta, pero Miyako miró al bajista en vez de responder.

-          Creo que sí – respondió Saz levantando los hombros, de pronto comenzaron a reír los cuatro.

-          Deberíamos tener una cita de parejas, ¿no? – sugirió Sora.

-          Creo que me voy a desmayar – el ignorado manager se sentó con dificultad en un sofá.

-          Ah, Chiaki, ¿recuerdas el juego caliente que te regalé? – el batero miró al vocal con los ojos muy abiertos - ¿Me lo puedes devolver?

-          Claro, aunque te aviso que lo usamos anoche… no sé si estará limpio del todo… - bromeó el vocal.

-          ¡Chi, no digas esas cosas! – Sora lo miró horrorizado.

-          Pero te lo recomiendo – continuó – Le doy un diez– el bajista y el vocalista rieron fuerte. Sora por su lado tapó los oídos del guitarrista para que no supiera detalles del juego. El manager ignorado se quedó perplejo mirándolos, sin embargo llevaba tantos años trabajando con ellos que solo le bastó un par de minutos para concluir que jamás los vio tan felices compartiendo juntos.





FIN